Cómo reducir los plantones sin perder clientes

Actualizada el · 6 min de lectura

Un cliente que no viene no es un hueco: es una hora que ya no puedes vender, el material preparado y, a veces, alguien a quien dijiste que no había sitio. No hay una medida mágica, pero sí una combinación que funciona y que la mayoría de clientes entiende si se lo cuentas bien.

Por qué falla la gente

Casi nunca es mala fe. Lo habitual es que se olvide (reservó hace tres semanas), que le surja algo y le dé apuro avisar, o que cancelar sea tan incómodo (llamar en horario, escribir a un número que no contesta) que no lo haga. Hay también quien reserva en dos sitios y va al que antes le da hora.

Cada causa tiene su remedio: el olvido se arregla con un recordatorio, el apuro con una forma fácil de cancelar y la reserva doble con algo de compromiso por adelantado.

Lo que cuesta de verdad un plantón

Haz la cuenta con tus números. Un ejemplo inventado: si tu hora vale 40 euros y te fallan dos clientes a la semana, son 80 euros a la semana, unos 320 al mes, más de 3.500 al año. En un estudio de tatuaje con sesiones de tres horas o en una clínica con tratamientos largos, un solo plantón puede ser el día.

Y hay un coste que no sale en la caja: el cliente al que dijiste que no había hueco ese día y se fue a otro sitio.

Primero, que se acuerden y puedan cancelar fácil

Un recordatorio el día antes, con la hora, la dirección y un enlace para cambiar o cancelar, es la medida más barata y la que menos molesta. Si cancelar es fácil, quien no puede venir te avisa y tú recuperas el hueco.

Junto al recordatorio, una lista de espera: cuando alguien cancela, avisas a quien quería ese día. Un hueco liberado con un día de margen se suele llenar; uno que descubres a la hora de la cita, no.

Una política de cancelación clara y por escrito

Decide un plazo (24 o 48 horas es lo más común; para servicios largos, más) y qué pasa si se cancela tarde o no se viene. Ponlo donde el cliente lo vea antes de reservar: en tu página, en la confirmación y en el recordatorio.

La ley de consumidores pide que el cliente conozca las condiciones antes de contratar (información previa, artículo 60 del Real Decreto Legislativo 1/2007), y considera abusiva una indemnización desproporcionadamente alta al consumidor que no cumple (artículo 85.6). En la práctica: avisa antes, por escrito, y que la penalización sea proporcionada al daño. Si tienes dudas sobre tu caso, consúltalo con un asesor.

Un texto que puedes adaptar:

«Puedes cambiar o cancelar tu cita gratis hasta 24 horas antes desde el enlace de tu confirmación. Si cancelas más tarde o no vienes, cobraremos el 30 % del servicio, porque esa hora la tenemos reservada para ti. Si te surge algo de última hora, escríbenos: lo hablamos.»

Señal o tarjeta guardada: cuándo usar cada una

Las dos piden un compromiso, pero no se sienten igual:

  • Señal: el cliente paga una parte al reservar, un porcentaje o un importe fijo. Encaja en servicios largos o caros (una sesión de tatuaje, unas extensiones, un tratamiento de láser) y en fechas muy demandadas. Si cancela a tiempo, se le devuelve.
  • Tarjeta guardada: el cliente deja la tarjeta pero no paga nada. Solo se cobra la penalización si no viene o cancela tarde. Molesta menos y sirve para servicios del día a día.
  • Penalización con tope: cobrar el servicio entero por un plantón suele parecer excesivo. Un porcentaje razonable del precio es más fácil de defender y de explicar.

Señal solo a los nuevos

Tu clienta de hace cinco años, que nunca ha fallado, no necesita dejar señal para hacerse las uñas. Quien reserva por primera vez desde Instagram, a lo mejor sí. Pedir señal o tarjeta solo a quien no conoces protege tu agenda sin incomodar a los de siempre, y si alguien de confianza falta un día, pasa a pedírsela.

Cómo contarlo sin perder clientes

  1. Explica el porqué en una frase: la hora es suya y nadie más puede usarla.
  2. Pon el plazo y la penalización a la vista, nunca en letra pequeña.
  3. Haz que cancelar sea fácil: un enlace, sin llamadas.
  4. Devuelve la señal a quien avisa a tiempo, sin pegas.
  5. Ten mano izquierda la primera vez: una excepción bien hecha fideliza más que la penalización.

Cómo lo hace Bookitall

Con Bookitall, cada cliente recibe un email el día antes con un enlace para cambiar o cancelar, y la lista de espera avisa sola cuando se libera un hueco. Eliges tu plazo de cancelación (de 2 a 72 horas) y sale en la reserva, la confirmación y el recordatorio.

Por servicio decides si pedir señal (porcentaje o importe fijo, con tarjeta a tu propia cuenta de Stripe o por Bizum a tu móvil) o guardar la tarjeta para cobrar la penalización si no viene, con un tope del 50 %. Si cancela a tiempo, la señal pagada online se devuelve sola. Y puedes pedirlo solo a clientes nuevos: quien ya vino y nunca falló reserva sin nada. Bookitall no cobra comisión por las señales.

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Preguntas frecuentes

¿Puedo cobrar a un cliente que no se presenta?

Si se lo has dicho antes de reservar, por escrito, y la penalización es proporcionada, es lo habitual. La forma más limpia es tener su tarjeta guardada o una señal pagada desde la reserva.

¿Qué plazo de cancelación pongo?

24 horas es lo más común para servicios cortos. Para sesiones largas, como un tatuaje o un tratamiento de varias horas, 48 o 72 horas te dan tiempo a llenar el hueco.

¿Pedir señal espanta a los clientes?

A los de siempre les puede molestar; por eso funciona pedirla solo a quien reserva por primera vez o solo en los servicios largos. Explicada en una frase, la mayoría la entiende.

¿Sirven los recordatorios por email?

Sí, si llevan un enlace para cambiar o cancelar: quien no puede venir avisa en un toque y tú recuperas el hueco.